| Una de las particularidades de la práctica de la escritura es la necesidad de una instancia de corrección, la cual puede comenzar con las enmiendas ortográficas o sintácticas, pero luego, se profundiza en el trabajo con el significado, en el perfeccionamiento del estilo y en la consideración de otras dimensiones correspondientes a la coherencia tanto interna como externa (las circunstancias de publicación, el receptor a quien se dirige, la intención comunicativa del autor, etc.).
Corregir un texto posee, por lo tanto, dos fases:
1. Cambios puntuales de forma (ortografía, puntuación, simplificación o corte de frases extensas, eliminación de palabras reiteradas, reposición de deícticos y conectores, regularización de complejidades sintácticas, etc).
2. Revisión global del contenido (claridad expositiva, explicitud de razonamientos, suficiente ejemplificación, eficacia en la captación de la atención del lector al cual se dirige, coherencia en la progresión de las ideas, etc.) [1]
De esta forma, consideramos que el trabajo de corrección de estilo no es algo que pueda hacerse de forma rápida y distraída, sino que consiste en un trabajo con gran concentración, que requiere amplios conocimientos sobre el lenguaje y sobre la planificación, la ejecución y la revisión de textos. No alcanza con la revisión ortográfica o gramatical que realiza la computadora; corregir el estilo de un texto es un trabajo "artesanal".
Por lo tanto, nos proponemos realizar un trabajo de revisión de textos para eliminar los posibles errores de redacción como los errores gramaticales e impropiedades léxicas, hasta la supervisión del texto para adaptarlo al estilo propuesto por el autor, lo que puede incluir mejoras en la redacción, sintetización o ampliación de los conceptos propuestos por el autor u otras intervenciones en la redacción para aclarar y facilitar la comprensión del discurso. |